top of page
removeest.png

Píldoras
del saber

Para hablar en público...

¿Alguna vez han sentido nervios al hablar frente a un grupo? Hablar en público es una habilidad que todos podemos realizar; aunque, la eficacia con la que comuniquemos nuestras ideas dependerá de los múltiples recursos que pongamos en práctica para cautivar la atención. Hablar bien en público no solo es cuestión de técnica, es un arte. Se trata de conectar con la gente, transmitir ideas y, sobre todo, ¡divertirse! Por eso, resulta crucial preguntarse: ¿Cómo puedo llamar la atención de mi interlocutor? 

Así que, si se animan a mejorar, aquí van algunos tips que les ayudarán a brillar como estrellas del escenario:Aprender esta habilidad nos ayudará en distintas situaciones, ya sea en la escuela, en un trabajo o incluso en una charla entre amigos.

 

Competencias para pensar y comunicar

Imagen.jpg

¿Y qué ganarás con todo esto?

  • Confianza para expresarte en cualquier situación.

  • Habilidades de comunicación que son súper útiles en el futuro.

  • Menos miedo escénico, ¡adiós nervios!

  • Y lo más importante: ¡serás capaz de defender tus ideas y liderar con seguridad! 

Recuerda, ¡hablar en público no es un don, es una habilidad que se puede aprender! Así que, empieza a practicar.

Ahora, hablemos de la escucha activa...

Hoy vamos a sumergirnos en el mundo fascinante de la comunicación donde escuchar es mucho más que simplemente oír palabras. ¿Por qué hacemos la diferencia entre "escuchar" y "oír". ¡Exacto!, lo han adivinado: estamos hablando de la escucha activa. En este sentido, si recurrimos al diccionario de la Real Academia Española (RAE), se especifica que escuchar significa “prestar atención a lo que se oye”. Sin embargo, oír se define como “percibir con el oído los sonidos”. ​

Diferencia entre "oír" y "escuchar"

¿Sabías que hay palabras que creemos que son gemelas, pero en realidad tienen sus propios mundos? Hablemos de oír y escuchar. A primera vista, parecen lo mismo, pero ¡sorpresa! Cada una tiene su propio superpoder. Oír es como el modo "automático" de tu oído: percibes sonidos sin esforzarte. Tú solo estás ahí, como un espectador en un concierto; pero, escuchar es otra historia. Te conviertes en el protagonista: requieres atención y ganas de entender lo que hay detrás de esos sonidos. 

Piensa en esto: ¿Alguna vez has estado en clase, y el profesor habla explicando un tema que tú solo "oías" y no "escuchabas"? ¡Eso pasa! La diferencia está en tu actitud. Y es que "oír" es un proceso de carácter fisiológico que posibilita la percepción de las ondas sonoras transformándolas en sonidos que se perciben en cualquier espacio. Para poder oír es necesario un aparato auditivo sano, donde interviene todas sus partes, desde el oído externo hasta el interno. Este proceso es involuntario, no se puede evitar. La única manera para no percibir el sonido es usar auriculares, tapones para oídos o estar dentro de un espacio acondicionado para aislar los ruidos.​​

 

Escuchar, en cambio, involucra otras acciones. Los expertos nos dicen que la buena escucha es un arte. ¿Por qué? Escuchar es un proceso activo, donde no solo usamos el oído, sino también nuestro lenguaje corporal y empatía con el propósito de comprender al interlocutor. La experiencia nos revela que pocas veces hemos sentido que alguien nos escucha de verdad. Entonces, para contrarrestarla ponemos en práctica la "escucha activa". Esa magia que nos permite conectar con el otro volviéndonos capaces de no solo percibir las palabras sino hallarles un sentido en relación a lo que se comunica con los gestos, con los movimientos corporales y con la actitud. Así, si alguna vez te encuentras con alguien que parece decir algo, pero sus ojos cuentan otra historia, ¡ya sabes! Puede que esté usando su "lenguaje analógico".  ¿Estás listo para escuchar y no solo oír?

¿Cómo nos volvemos en expertos en escucha activa?

Para convertirnos en expertos en escucha activa, es fundamental practicar la atención plena y la empatía en nuestras interacciones. ¿Cómo lo logramos? A continuación te presentamos algunas sugerencias.

Preguntas abiertas:

Las preguntas abiertas son fundamentales en la escucha activa porque invitan a la otra persona a expresarse de manera más completa y detallada. A diferencia de las preguntas cerradas, que solo requieren respuestas breves o de sí/no, las preguntas abiertas animan a compartir pensamientos, sentimientos y experiencias. Hacer preguntas invita a profundizar en el diálogo obteniendo más detalles. Por ejemplo, en lugar de preguntar “¿Te gusta?”, prueba con “¿Qué te gusta de esto?” Esto no solo enriquece la conversación, sino que también demuestra que realmente estamos interesados en lo que nuestro interlocutor tiene que decir. De esta manera, una vez que la otra persona termine de hablar, pregúntale más. Por ejemplo: “¿Cómo te sentiste?” o “¿qué te llevó a tomar esa decisión?” Además, las preguntas abiertas fomentan la reflexión y pueden descubrir matices que no habríamos considerado, creando un espacio de diálogo más profundo y significativo. En resumen, son una herramienta poderosa para construir conexiones auténticas y mejorar la comprensión mutua.

Parafrasear y resumir:

Estas acciones nos permiten verificar nuestra comprensión y demostrar que estamos realmente prestando atención. Al parafrasear, repetimos con nuestras propias palabras lo que la otra persona ha dicho, lo que ayuda a clarificar ideas y asegura que hemos captado el mensaje correctamente. Esto también muestra al hablante que valoramos sus palabras. Por otro lado, resumir implica condensar la información principal, facilitando que tanto nosotros como el interlocutor nos enfoquemos en los puntos más relevantes de la conversación. Ambas técnicas fomentan un ambiente de comunicación abierta y efectiva, fortaleciendo la conexión y reduciendo malentendidos.

 

Comportamiento no verbal positivo: 

Demostrar con nuestro lenguaje corporal que estamos realmente interesados. Además, es importante reflejar lo que la otra persona dice, mostrando que valoramos sus sentimientos y pensamientos. Siguiendo este propósito podemos recurrir a distintos mecanismos de apoyo como:

a. Contacto visual: Mantén un contacto visual adecuado para mostrar que estás interesado y presente. Esto ayuda a que la otra persona sienta que realmente estás prestando atención.

b. Sonrisas y gestos: Una sonrisa genuina y gestos amigables, como asentir con la cabeza, pueden transmitir empatía y apoyo. Esto invita a la otra persona a seguir compartiendo.

c. Postura abierta: Mantén una postura corporal relajada y abierta. Evita cruzar los brazos o girar el cuerpo lejos de la persona, ya que esto puede parecer defensivo o desinteresado.

d. Proximidad adecuada: Acércate un poco, pero respeta el espacio personal. Estar cerca puede mostrar que valoras la conversación, pero es importante no invadir el espacio del otro.

e. Reflejo de emociones: Acompaña tus reacciones con expresiones que reflejen lo que la otra persona está sintiendo. Si habla de algo triste, mostrar comprensión en tu rostro puede ayudar a validar sus emociones.

Al integrar estos elementos, no solo mejorarás tu capacidad para escuchar, sino que también fortalecerás la conexión con la otra persona, haciendo que se sienta valorada y comprendida.

 

 

Evita Interrumpir:

Aunque sientas ganas de interrumpir, guarda esos pensamientos y escucha hasta que la otra persona termine. Escucha sin emitir juicios, manteniendo tu mente abierta y evitando pensar en lo que quieres decir. Por tanto, es importante que te  centres solo en lo que se está compartiendo. Además, considera que los distractores también se constituyen en elementos que interrumpen la comunicación; por ello, resulta conveniente que reduzcas los ruidos ambientales: apaga el teléfono y concéntrate en tu interlocutor.

Al integrar estos elementos, no solo mejorarás tu capacidad para escuchar, sino que también fortalecerás la conexión con la otra persona, haciendo que se sienta valorada y comprendida.

bottom of page