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La inferencia es un requisito previo para el pensamiento de orden superior (Marzano, 2010).

Un modelo simplificado para enseñar a hacer inferencias se basa en las siguientes premisas:Necesitamos encontrar pistas para obtener respuestas.Necesitamos incorporar esas pistas a lo que ya sabemos o hemos leído.Puede haber más de una respuesta correcta.Necesitamos poder fundamentar las inferencias con evidencia.En este modelo, los docentes plantean cuatro preguntas a los estudiantes para facilitar un debate sobre las inferencias (Marzano, 2010). El objetivo es que los estudiantes interioricen estas preguntas para que puedan ser conscientes de su propio razonamiento y evaluarlo.

¿Cuál es mi inferencia? Esta pregunta ayuda a los estudiantes a darse cuenta de que podrían haber hecho una inferencia al completar información que no se presentó directamente. ¿Qué información utilicé para hacer esta inferencia? Esto ayuda a los estudiantes a comprender los diferentes tipos de información que utilizan para hacer inferencias. Esto puede incluir información presentada en el texto o conocimientos previos que el estudiante aporta al entorno de aprendizaje. ¿Qué tan bueno fue mi razonamiento? Una vez que los estudiantes han identificado las premisas en las que basaron sus inferencias, pueden participar en la parte más importante del proceso: examinar la validez de su razonamiento. ¿Necesito cambiar mi razonamiento? El último paso es que los estudiantes consideren posibles cambios en su razonamiento. El objetivo no es invalidar las inferencias originales de los estudiantes, sino ayudarlos a desarrollar el hábito de actualizar continuamente su razonamiento a medida que recopilan nueva información.

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